El Subdirector $$$$$$ de la carcel de Playa despedido

Isabel ArvidePorIsabel Arvide 3 años de sido publicado.Sin comentarios
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Quintana Roo, 16 de octubre.- El subdirector de la cárcel de Playa del Carmen, Juan Carlos Santana, fue una herencia…  de Rafael Castro, sostenido ahí quién sabe por qué razones.

Sin mediación de Mauricio Góngora, Castro se tomó en serio lo del poder $$$$$$ y puso a Santana en la cárcel para recibir, o cómo se prefiera llamar, los dividendos del dinero que pagan los internos por la vida de lujos que tienen ahí.  Siempre cobijada por los directores en turno, y sobre todo por un personaje oscuro y corrupto a cuál más: Hernán Pérez Vega, gente también de Rafael Castro que trabajó bajo sus órdenes.

Pedrero, quién era o es el director de gobierno, es en realidad quién da todas las autorizaciones: música, mujeres, comida, droga… de todo entra en esa cárcel.  Y en fiestas, como Navidad, se queda por varias noches y/o días.

Santana que era quién le quitó todo control de la cárcel al director, o los directores porque al final del sexenio de Borge los cambiaron y rotaron varias veces. Era el verdadero control de la corrupción.

Por eso no era noticia la fotografía que publicaron donde estaba sentado, dentro de la cárcel, platicando amigablemente con el líder del autogobierno de ese penal, José Roberto Días, alías “Comandante Pepe”.     Lo que sí sorprendió, mucho y favorablemente fue la decisión de la presidente municipal de Solidaridad, Cristina Castro, de correrlo de inmediato.

Quiero suponer que la recién nombrada directora de la cárcel, Emma Luisa Robles Huizar, no estaba en lo absoluto enterada de lo $$$$$$$ que sucedía ahí.

Fue, eso sí, la encargada de avisarle la resolución de su jefa.  Y el susodicho subdirector Santana, tuvo la ocurrencia de encerrarse dentro de la cárcel con su bolsa de “cosas”… como si quisiera ser uno más de los internos.

Torres demostró que no le tiemblan las manos ni lo que sea, porque envió policía y militares para sacarlo de ahí y ponerlo, literalmente, de “patitas en la calle”.  Esta acción no cambia la corrupción vigente pero sí, que es de ponderar positivamente, la detiene.  El tema que sigue es controlar, de verdad, la entrada de droga, celulares, mujeres, comida de todos los restaurantes, y demás a esa cárcel.

Y, de existir la voluntad política, conseguir los recursos para adecuar el lugar a su población, construir un comedor para evitar así el negocio de la comida… porque quienes la distribuyen son los mismos presos.  Ahí está la corrupción, unos comen y otros tienen que pagar para comer una mitad de lo que se cocina para ellos.  La reventa interna de los alimentos es algo que se denunció formalmente en las pasadas administraciones pero como es parte del negocio $$$$ y de los “arreglos” con los líderes de los internos nunca se ha cambiado.

La cárcel, dicen los expertos en la materia, es el único lugar del universo donde puede ejercerse un control total.  Los reos están en manos de la autoridad, y por tanto son una población que puede y debe ajustarse a las reglas establecidas.  Si hay voluntad política de los responsables y se ponen ahí a personas honestas y con valor.

Por lo pronto, Cristina Torres no tuvo empacho alguno en correr a un corrupto conocido…

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