La Paulina adveniza

Una más del montón... Hasta que el Gober se fijó en ella
Isabel ArvidePorIsabel Arvide 1 mes de sido publicado.Sin comentarios
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Quintana Roo, 15 de mayo.-  No de malos bigotes.

Nada extraordinario. Una chava normal. Con rasgos típicos de la región. Una más en un montón.

Que estudió en Mérida. Que quería hacerla como “periodista”, que consiguió chamba de “relaciones públicas” en una oficina insignificante de Cozumel.

Hasta que el gobernador se fijó en ella… Como en decenas de otras mujeres jóvenes.

Y pin pon papas… la señorita García Achach se encumbró. Coches oficiales. Viajes a discreción. Gastos de representación… lo que se acostumbraba. Niña de la Anáhuac endiosada, momentáneamente, en las mieles del poderoso poder.

 

 

¿Se enteró de sus obligaciones, leyó algún documento de los muchos que firmó? Parece que se preocupó más de los eventos sociales, del peinado, de los mensajes del gober.

Fue subsecretaria oscura oscura oscura. Una más de las muchas, ahí está la Maritza, que llegaron sin idea de que iban, de qué tenían que hacer. Entre el salón de belleza y el gimnasio, los viajes a Cozumel cada fin de semana, los sueldos y los muy jugosos sobresueldos. Fue secretaria por unos meses. Y hoy está indiciada en un juicio penal por muchos millones de pesos.

Paulina García Achach tiene la ventaja del tío. Que, coincidencias de la vida, es titular del poder judicial en Quintana Roo. Vaya que debe ayudar a salir mejor librada de este lío que su jefe.

El nuevo sistema de justicia penal, que pocos acaban de comprender, permite la libertad condicional, o seguir el juicio en su casa, como se prefiera, a quienes cometieron menos delitos, tienen arraigo local y pueden garantizar una fianza… en su caso millonaria.

¿De dónde salieron los terrenos que entregó al juzgado? ¿Cómo una mujer tan joven puede ser tan rica, de dónde? Las autoridades dicen, en corto, que no son los mismos terrenos objeto de los delitos que se le imputan, junto con su jefe Mauricio.

Pero no nos dicen de dónde. ¿Cuál fue su declaración patrimonial cuando su interesado patrocinador la convirtió en funcionaria pública sin ninguna experiencia, sin ningún merecimiento? ¿Cómo, en tan poco tiempo, se pudo hacer de un patrimonio millonario?

Lo cierto es que doña Paulina no es sino una víctima de su tontería, de su ignorancia, de su vanidad, de su cortedad de inteligencia. Es una niña tonta que se creyó lo que le susurraron en madrugadas amorosas. Tan tonta que todavía no sabe que pagará, con la ignominia pública, el resto de su vida por unos meses de obediencia supina y, todavía más garrafal ignorancia de las leyes mexicanas.

Tal parece que, en su casa, ver el ejemplo familiar, no le enseñaron que la moral no es un árbol que da moras. Y que las enseñanzas de los jesuitas le pasaron de noche… de noche en antro.

Como también es cierto que los quintanarroenses somos víctimas de la frivolidad que la puso donde había, mucho, para robar…

Isabel Arvide

@isabelarvide

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Category:
  Análisis

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